martes, 22 de mayo de 2018

ALZHEIMER Y EJERCICIO FÍSICO: NI TANTO NI TAN POCO.


Probablemente porque se haya exagerado acerca de los efectos positivos del ejercicio físico para los pacientes con Alzheimer no sea tanto... y ello lo atestigua acerca de que se haya investigado sobre si verdaderamente podía influenciar en el retroceso de la enfermedad o incluso en su detención. Y ésto es lo que he encontrado leyendo en El Confidencial esta mañana:
 
Los ejercicios de intervalos de intensidad no ayudan nada a las personas con Alzhéimer y enfermedades mentales, incluso puede empeorarse la situación, según un estudio que pretendía demostrar si este tipo de ejercicios ralentizaba el avance de la enfermedad.
Se suele creer que el ejercicio regular y la vida activa ayudan a prevenir o retrasar la demencia. De hecho, se han realizado algunos experimentos en pacientes con resultados bastante positivos. Pero un solo ensayo descubrió que el ejercicio en el gimnasio no hizo absolutamente nada para retrasar el avance de la enfermedad.
"Me decepcionaron los resultados, aunque es evidente que quedé bastante sorprendida", afirma la profesora Sarah Lamb para 'The Guardian', autora principal de la investigación publicada en el 'British Medicine Journal'. "Creo que sería justo decir que las enfermedades seniles es un problema muy difícil de solucionar", dijo la profesora, quien trabaja en el Departamento de Ortopedia y Reumatología de Nuffield y da clases en la asignatura de Ciencias Museoesqueléticas de la Universidad de Oxford.
 
Alrededor de 500 personas se ofrecieron como voluntarias para sumarse a la prueba. De ellas, a 329 se les asignó un régimen de aptitud física seria, mientras que las otras 165 recibieron atención habitual. Aquellas a las que se les encargó cuatro meses de ejercicio físico personalizado a su estado corporal y de resistencia, hicieron dos sesiones de gimnasio por semanas de 60 a 90 minutos, que incluían actividades como andar en la bicicleta estática y usar cinturones de pesas. También se les pidió que hicieran una hora más por semana en casa. El estudio fue aprobado y financiado por el Instituto Nacional de Investigación en Salud, que evalúa las intervenciones que podrían ser útiles para el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS). Sin embargo, los expertos resolvieron que "este nivel de ejercicio especializado no funciona", asegura Lamb.
Los resultados mostraron, de hecho, que aquellos que llevaron a cabo el programa tenían estadísticas cognitivas peores (una medida de sus capacidades de pensamiento y racionalización) que aquellos que no lo hicieron. Consiguió que se encontraran mejor físicamente y en forma, lo que fue útil para su vida diaria, pero no frenó el progreso de la enfermedad. "Esto no debería impedir que las personas con alzhéimer salgan a caminar, nadar o realizar actividades suaves", señala Lamb. "No queremos ser alarmistas. Usamos un programa de ejercicio muy especializado. El ejercicio suave es bueno, no queremos que la gente lo deje", avisa.
 
Como decía al principio, efectuar estudios para buscar verdades que por mucho que se intenten son bastante difíciles de creer es como afirmar que tomando mejillones se logra detener la caída del pelo. Son investigaciones, permítanme la licencia, bastante superficiales que parece mentira que hayan sido pagados con dinero público, y más aún cuando lo son en Gran Bretaña, cuna, como EE.UU.  de la sabiduría, que en la mayoría de los casos lo es. No obstante, aunque la esencia de la duda no se considere mantenida, sí creo (o quiero creer), la personalidad del paciente es beneficiada por la no estática de lo inoperante.

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