viernes, 8 de julio de 2016

VERANO-PACIENTE-CUIDADOR


El verano asusta a todas aquellas personas que tiene sobre ellas la responsabilidad de un paciente con demencia. Y es normal que se sienta de tal forma, por muchas causas:
 
-Elevadas temperaturas y consecuencias físicas en el paciente, que le suscitan malestares y trastornos que pasan de ser somáticos a psíquicos y mixtos. Por ejemplo, la deshidratación, el calor ambiental, etc.
-Alteraciones de corte psiquiátrico que generan aumento del nerviosismo, paranoias, insomnio, alteraciones del ánimo, etc.
-Trastornos de similares características en el cuidador. No se olvide (aunque parezca obvio) que el cuidador es humano y como tal puede verse dañado por los avatares del verano.
-Necesidad por parte del cuidador de contar con unos días para "desconectar", "cargar las baterías", ser uno más como los  que le rodean y que aprovechan en hacer durante unos días lo que hubieran hecho si pudieran a lo largo del año.
 
 
 
Tomar medidas para atender al paciente con calidad y dignidad es todo lo que desea en cuidador cuando transmite al facultativo qué debe hacer para que su familiar pase lo mejor posible estos meses de varano. Y así sale el terrible dilema de llevárselo consigo a su lugar de veraneo,  dejarlo con alguien de confianza, cambiarle al domicilio de otro familiar, efectuar un ingreso de descarga en un centro sociosanitario, o drásticamente renunciar al descanso veraniego.
Cualquiera de las soluciones, opino, puede ser la adecuada, dependiendo de la fase en la que se encuentre el paciente, qué fármacos esté tomando, qué terapias está llevando o, lamentablemente, qué soporte económico posea. Creo que los médicos estamos también para buscar soluciones con el familiar cuidador.
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario