miércoles, 2 de diciembre de 2015

NO QUEDA OTRA FORMA

Existe un término denominado Rumiación que es una estrategia de afrontamiento desadaptativa asociada con malestar emocional. Ya desde hace un tiempo se viene comentando desde la vertiente terapéutica  de la Aceptación y Compromiso, la importancia del papel perjudicial de la fusión cognitiva en la explicación del malestar.
Se admite que el cuidador principal sufre un estrés crónico debido al cuidado constante del paciente Alzheimer. La conducta y el optimismo son variables muy distintas pero modulables en algunos casos para que este estrés sea menor o incluso, para algunos, nulo.
La rumiación se entiende como la tendencia a responder a los síntomas depresivos focalizando la atención en los propios síntomas, en uno mismo y en las consecuencias del estado de ánimo deprimido. Es decir, las consecuencias que rodean a discrepancia entre metas deseadas y conseguidas, interferencias negativas asociadas a situaciones estresantes, etc. Similar a ello aparece la Fusión cognitiva, descrita como las tendencia a creer literalmente el contenido de los pensamientos y sentimientos sin ser consciente del proceso de pensamiento en sí mismo. Se considera un nivel psicopatológico al no valorar sus propias creencias o designios en el proceso vital propio.
Estudios acerca de estas situaciones los hay cada vez más, y los seguirá habiendo porque el cuidador de Alzheimer interesa progresivamente más al disminuir alarmantemente el nivel de protección pública a la fragilidad y dejando sobre las cada vez más escuálidas espaldas del cuidador familiar la esencia del cuidado del enfermo. Por ello, debiera ser cada vez más esencial la creación de talleres para fortalecer el pensamiento, la mente del cuidador. Concluyendo: si la mente es fuerte, el cuerpo lo es también. No queda otra...

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