domingo, 28 de diciembre de 2014

A VUELTAS CON LA CONDUCTA

Como ya se ha comentado en entradas anteriores, los cambios en la conducta de la persona son signos que proporcionan mucha información a la hora de efectuar un diagnóstico de demencia tipo Alzheimer. 

La conducta de la persona es el conjunto de rasgos de la personalidad que expresan el modo o la manera con que cada uno obra o se expresa en la vida y reacciona ante ella. Dependiendo de la estructura de la personalidad, nuestro patrón de conducta y de relación con el medio será uno u otro. Así, una persona con rasgos paranoides, histriónicos o narcisistas tendrá dificultades de relación social, pero puede ser una persona productiva y funcional si se adapta al entorno y los demás le aceptan... 
Del mismo modo, un cierto comportamiento pseudodepresivo también puede ser considerado, dado que la capacidad intelectual del sujeto normal le hace comprender que su partida del mundo está cada vez más cerca, y el cariño que ha dispensado a los suyos, a su trabajo o a lo que sea, concluirá en breve, aunque nada haya seguro en la vida... porque cada vez se vive más tiempo y con mejor calidad de vida, no se olvide...

En el envejecimiento normal hay déficit de neurotransmisores y disminución de sinapsis y dendritas, pero no necesariamente pérdida neuronal. Puede aparecer una exacerbación de su carácter previo pero sin afectar a sus relaciones sociales. Se mostrarán más lentos, con menor capacidad de atención, etc. pero seguirán siendo productivos. ¡Éso es interesante!.

La conducta desde el punto de vista anatómico y neurobiológico está mediada por circuitos neuronales y neurotransmisores y localizada en el lóbulo frontal, el cual conforma las 2/5 partes del volumen del cerebro. Cuando estos circuitos empiezan a alterarse por causas degenerativas (deterioro frontal), hacen que la personalidad previa se transforme y la conducta cambie.

Alteraciones en la conducta más pérdida en su capacidad funcional NO ES NORMAL.


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