domingo, 9 de marzo de 2014

CENTROS DE DÍA Y CENTROS RESIDENCIALES... ¿CUÁNDO?

Se nos suele preguntar a menudo cuándo es oportuno remitir al paciente con Alzheimer u otra demencia a un Centro de Día especializado o incluso a una institución residencial.
La respuesta es obvia. Mientras el domicilio sea lo suficientemente estimulante siempre es el lugar idóneo. Sin embargo, la familia tiene también sus propias obligaciones, cargas y responsabilidades varias para que pueda soportar esta etapa. En otras ocasiones, se querría usar estos dispositivos pero no se puede hacer por carencias económicas porque, muy desgraciadamente, aquel estado del bienestar del que tanto se habló ha hecho aguas... Por lo tanto, son muy escasas las posibilidades de acceder a una plaza pública y hay que acudir a la oferta privada, que la hay y muy bien preparada también.
El Centro de Día tiene muchas ventajas, no solo para el paciente sino para el cuidador también. En él se le programan tareas de carácter cognitivo y físico que evitarán la rapidez del proceso patológico, se socializará más, se evitará la dependencia, y, también muy importante, relajará y descanzará al cuidador.
En cuanto a institucionalizar al paciente en un centro residencial, estimo que debe ser cuando sus deficiencias físicas, su psiorganicidad está muy debilitada, y las complicaciones se aceleran y confunden y debilitan la responsabilidad del cuidador.

¿Lo ideal...?. Lo ideal nunca existe. Seamos sinceros. Pero aún así, hagamos el ejercicio: debería ser un hogar que tuviera turnos de ocho horas de cuidadores, con un fisioterapeuta, una enfermera especializada, un terapeuta ocupacional y un médico de referencia experto en esta enfermedad. Pero... ¿quién puede tener todo ésto...?. Pocos, lamentablemente muy pocos. Veo familias que se descapitalizan a marchas forzadas para poder tener algo de lo que he expuesto, que se sacrifican sin medida para devolver parte de lo que el paciente les dio en vida activa... se resignan a no tener vacaciones, no darse caprichos que antes sí se los podían dar , o sacan recursos económicos de donde pueden... y veo también profesionales sanitarios que trabajan en este espacio que descienden sus emolumentos hasta hacerlos puramente testimoniales y poder cooperar a este tiempo marásmico que nos está tocando vivir y sufrir. 
Lo que hay que repetir hasta la saciedad es que esta circunstancia no desaparecerá porque cada vez habrá más pacientes que existan con esta enfermedad, porque si algo se ha hecho bien es conocer mejor la enfermedad y tratarla, tratarla, cada vez mejor, y éso se conjuga con alargar más la vida. Se debe insistir a los poderes públicos en que no sean ciegos a las deficiencias que el sistema de apoyo sociosanitario posee y que encuentre formas para paliarlo. Les pagamos para que piensen, no para que salgan en periódicos en la secciones judiciales...

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