viernes, 1 de noviembre de 2013

BANCOS DE TEJIDOS NEUROLÓGICOS (y II)

Si se conoce la historia natural de la enfermedad de Alzheimer es debido a la información clinicopatológica que han aportado los bancos de cerebros de pacientes afectados y de personas sin la enfermedad que donaron los suyos para ser investigados y tabulados más tarde desde el punto de vista cognitivo, bioquímico, de neuroimagen, etc. Y así han contribuidoa metanálisis de la enfermedad o de otras con ella, publicados luego como Research Council, Baltimore, Chicago, Rotterdam... Es por ello que hoy conocemos el avance de la enfermedad según la fase en que se halle, o como influye que padezca otro tipo de enfermedad coadyuvante. Y así, la progresión de los depósitos intraneuronales de proteina tau hiperfosforilada en forma de ovillos neurofibrilares y hebras neuropílicas a lo largo de los estudios de Braak. Sabemos también que el depósito de proteinas patológicas (tau y betaamiloide) en el tejido cerebral puede iniciarse hasta 20 años atrás de aparecer los síntomas que hacen que al paciente se le lleve a la consulta del médico. 
Y los estudios de estos cerebros nos han llevado a aceptar que, aunque la relación entre edad cerebral y enfermedad es notable, el desarrollo de la enfermedad con una carga patológica inexorable no es el destino de todo cerebro humano. 
Los bancos de cerebros pueden contribuir, y de hecho están contribuyendo,  a definir los factores genéticos, epigenéticos, ambientales, de estilo de vida, etc. que permiten alcanzar edades avanzadas sin carga patológica significativa.
Y en cuanto al avance en el conocimiento del por qué, de la patogenia de la enfermedad, las muestras de los bancos de cerebros utilizadas en línea con modelos de enfermedad en células o en animales transgénicos, nos aporta información molecular imprescindible para que el fin de la misma esté menos lejano. Así, la incorporación de las iPSC (induced pluripotent stem cells) a la investigación de la enfermedad de Alzheimer ha sido un avance muy notable y realmente optimista.
Un último apunte: Donar cerebros, ya sea con o sin enfermedad, es aportar lo que no valdrá, cuando ya no estemos, a la mejora de vida de quienes aún estarán.

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