sábado, 17 de noviembre de 2012

DEPRESIÓN Y DEMENCIA.


Existe una cierta duda en la población general acerca de si los procesos depresivos pueden o no conducir a padecer demencia.
Los pacientes que sufren su primer proceso depresivo en la vejez, cuando se le efectúan pruebas de neuroimagen se aprecian mayor frecuencia de lesiones cerebrales difusas de carácter vascular (leucoaraiosis), hasta el punto de que se ha llegado a catalogar como trastorno depresivo vascular. Y son enfermos que presentan un riesgo mayor que el resto de la población a presentar deterioro cognitivo progresivo y demencia.
El tratamiento antidepresivo suele ser menos eficaz que en casos de depresión pura y dura, y se les cataloga no como Alzheimer y sí como demencia tipo vascular.

Por otro lado, seguimientos a largo plazo de pacientes que desarrollan una demencia tipo Alzheimer, tienen accesos depresivos en la edad geriátrica en mayor cuantía que los controles. Se aprecia, no obstante, que pacientes con trastornos cognitivos y procesos depresivos, cuando se les pone en tratamiento antidepresivo mejoran tanto unos como otros síntomas. No obstante, al cabo de unos meses o años, desarrollan un deterioro cognitivo ya de carácter irreversible. 
La mayoría de los autores que han investigado este aspecto en profundidad y con una casuística elevada, opinan que el trastorno depresivo no desencadenó la demencia sino que éste era un síntoma precoz de ésta. Y también otros reconocen que según las estadísticas, las personas con trastornos depresivos antiguos y reiterados, ejercen un proceso demencial con mayor frecuencia que los que no los tienen, aunque no en relación directa. 
Por lo que consecuentemente, es interesante consultar con su médico ante un proceso de apatía, anhedonia (falta de placer vital), tristeza, llanto sin causa aparente, pereza a levantarse de la cama, falta de iniciativa, dejadez de sus actividades de vida diaria, etc...

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