lunes, 20 de agosto de 2012

MENSAJES PARA CUIDAR.


Escuchaba hoy en consulta a una cuidadora de un paciente Alzheimer. Me transmitía un pensamiento que con frecuencia les escuchamos los que trabajamos en este medio: "No tengo tiempo". Y es cierto. Sienten que el tiempo se les estrecha, se les va entre los dedos como si fuera agua que intentan agarrar.
Evidentemente, cuidar a un paciente Alzheimer, y si está en las primeras fases, consume mucha energía. Y más aún si se piensa que con sus cuidados se podrá retrasar su evolución o incluso anular las nefastas consecuencias de la enfermedad. Y este pensamiento se hiperboliza todavía más si se le quiere con locura (como es así siempre).
La reflexión me ayuda a las siguientes recomendaciones:

1) NO CORRAN:
Decía el Dr. Marañón que la rapidez, que es una virtud, engendra un defecto, que es la prisa. Incluso parece que en muchos ambientes queda muy bien decir que no podemos atender a alguien porque estamos muy ocupados, porque tenemos prisa, porque no tenemos... tiempo. Los humanos pensamos que corriendo haremos más cosas. Yo añado... ¿... y bien?.

2) NO APARTEN LAS ACTIVIDADES QUE LES AGRADAN:
Si vamos siendo impermeables a esos pequeños momentos que nos producen placer, llegará un instante que cambiará nuestro estado de ánimo de forma tal que repercutirá en lo que debamos hacer bien. Será de forma inconsciente, sin apercibirnos de ello y cuando alquien nos lo haga ver será de más complicada solución.

3) LA ORGANIZACIÓN y PLANIFICACIÓN SON ESENCIALES:
La improvisación, aunque para algunas cosas es magnífica, para el mundo de los cuidados y la atención a personas necesitadases nefasta. Saber con qué se cuenta, cómo se ha de hacer y en qué tiempo, resulta ser imprescindible. Y más aún si se añaden los imponderables, los imprevistos, que son siempre muchos.

4) HAGAN UN HUECO PARA REFLEXIONAR:
Ver cómo se hacen las cosas, los por qués de lo que ha fallado nos conduce a pensar en solventarlos en otra ocasión, modificar el modo de actuación o, por ejemplo, pedir consejo.

Leí hace tiempo este cuento:

Un leñador se presentó a trabajar en una maderera. Era su primer trabajo, era fuerte y se sabía competente para ese trabajo. Fue contratado y el primer día se presentó a su capataz, quien le asignó una zona del bosque para que fuera talando árboles. Así fue. El primer día taló veinte árboles él solo. Sin embargo, se dijo que al día siguiente podía hacerlo aún mejor, así que se fue pronto a la cama. El segundo día taló quince. No lo entendía. Había trabajado prácticamente sin parar en todo el día y había talado cinco árboles menos... Pensó que podía ser por problema de cansancio y alimentación por lo que comió más y se acostó más temprano. Sin embargo al día siguiente su total de árboles talados era de... ocho. Seguía sin entenderlo. Se había esforzado aún más si cabía, pero el resultado era peor... Volvió a acostarse temprano y se alimentó más y mejor. No obstante el día posterior fue peor todavía. Solamente cortó uno.
Desesperado se presentó a su capataz y le explicó lo sucedido.
- Estoy desesperado. No sé hacer lo que me propuse.
El capataz de preguntó:

-¿Cuándo afilaste el hacha por última vez?
- ¿Afilar?. No he tenido tiempo. He estado demasiado ocupado cortando árboles.

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