martes, 1 de mayo de 2012

SER EGOISTA NO ES MALO...


Me han preguntado en varias ocasiones la explicación al por qué recomiendo a  personas encargadas del cuidado de su paciente con demencia ser algo egoistas, que no es malo. Al contrario, es bueno.
Veremos si lo descifro. Una persona incapaz de decir no a nadie es más tóxica que todo lo contrario, porque transmite todas las ilusiones que se esperan y que otros han depositado en él/ella sin saber si puede o no llevarlas a cabo. No hay equilibrio en esta decisión. O lo que es lo mismo, es desequilibrada. ¿Está claro?.
El egoismo sano consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos aunque los demás no lo hagan. Sobre todo si los demás no lo hacen.
Si se priorizan los intereses de los demás, el estrés se instala en nuestro interior y tarde o temprano aparecerán las consecuencias del mismo: irritabilidad, falta de concentración, insomnio, alteraciones gástricas y respiratorias, hipertensión arterial, etc. Y sobre todo, el objetivo del cuidado no será correctamente atendido. Ésa es la realidad.
Hablar del por qué existen personas a los que les prima la atención hacia otros antes que a sí mismos sería de otra dimensión, aunque entre otras explicaciones, existe una que en no pocas ocasiones he presenciado, y es cierta irresponsabilidad para organizar su propia vida, no saber qué se quiere y en qué niveles. Son personas que les da miedo afrontar su proyecto vital.
Nuestra sociedad ve muy bien que nos sacrifiquemos por los demás (de esta forma, no lo hace ella), así que si lo hacemos, es un pretexto inconsciente ideal para ocultar nuestras propias ilusiones y miedos. Es mejor decir que no he podido baja a pasear al paciente porque tenía que limpiar su habitación y hacer un batido de fresas, que decir que no sabía cómo hacerle cambiar de camino cuando se obstinaba en tomar el contrario.
Dice un experto en estos temas que lo primero que debe decirse en estos casos que conducen hacia ese egoismo sano es: "Tú eres el único que falta en tu vida". Y es verdad. Cuando se le hace ver qué pasa en su vida, cuál es su vida, por qué la trata de esa forma... y se la reflejamos con los ojos de ver, no con los de mirar... se da cuenta. Y lo peor. Reconoce que su objetivo no está bien cuidado y que el causante es él...

Comenzar a ver soluciones es:
- Prestar más atención a nuestras necesidades e ilusiones. Obviamente antes hay que saber cuáles son...
- Pensar con qué personas nos gustaría practicar el egoismo sano. No digamos sí cuando queremos decir no. Entrénense. Son muchos años de no saber decir no, y éso es complicado cambiarlo. Son actuaciones reflejas. Probablemente, en estos casos, debería comenzars por distribuir las tareas con otros familiares, y si no pueden participar, pensar en contratar a alguien que pueda colaborar en la atención, centro de día, centro residencial, etc...
- Tras decir los noes correspondientes, no los acompañen de múltiples explicaciones ni justificaciones. Tan solo demuestran que no estamos convencidos de nuestro total derecho a decir no.

Practicar el egoismo sano significa también conocer que nos encontraremos con dos claros saboteadores por el camino: el miedo y la culpa. Pero de éso, hablaremos otro día.

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