sábado, 19 de mayo de 2012

RAFA



-No sabe usted qué majo es. Mi hija sí lo sabe porque fue al colegio en donde ella es profesora. Es muy humilde con lo lejos que ha llegado jugando al tenis…

-Mamá, si tú no le conoces… Sí, fue alumno del colegio en donde yo doy clases. Se lo conté cuando ganó el Roland Garros, pero ni yo le llegué a conocer. Acabó antes de que fuera famoso.

-Cuando sale por la televisión siempre me pregunta cómo estoy. A ver qué chico de su edad haría eso, sin conocerme.

-Pero eso no es así mamá…

-Pero sabe que tú trabajas allí y que yo soy tu madre. Alguien debió decírselo. Cuando hace un saque, siempre mira a la cámara y me lo brinda. Lo que sucede es que te da rabia que sea a tu madre de la que se acuerda y no de ti… Acéptalo.

-Sí, mamá.

-¿Quiere que hablemos a solas?.

-Si usted quiere… Pero me da igual que esté aquí. Lo que tengo que decir puedo decirlo delante de ella.



Su hija me miraba de soslayo, en silencio y desviaba la mirada constantemente. No quería tensar la situación. Prefería que fuera su madre quien se delatara.



-Verá usted. A veces, mi hija me engaña y se hace pasar por otra mujer, por una vecina. Y se mete en mi casa y me esconde las cosas. Sé qué es lo que busca. Es una copa que me mandó Rafa de un campeonato que ganó este verano…

-No, mamá. Es un jarrón dorado que compramos en una tienda de chinos y que te gustó. ¿No te acuerdas que dijiste que te quedaría muy bien en la alacena del comedor…?.



Me volví a mirarla reprobando su “colaboración”. Con los dedos pegados a la mesa le hice saber que no era ya preciso que interviniera. Que lo hiciera gestualmente ante mi mirada.



-No digas tonterías. Me lo mandó Rafa desde no sé donde. Cómo viaja tanto… ¿Se ha fijado usted en la carita que tiene de chico bueno?. Lástima que sus padres se hayan separado… Eso le habrá afectado mucho y seguro que pierde algún partido… ¿Sabe que yo estoy separada?. Mi marido se casó luego con otra. Tuve que sacar a mis tres hijos adelante sin ninguna ayuda… No me quería pasar la pensión… Fui de las primeras que se separaron en esta ciudad… Mi hija… (la miró)

-Pilar, mamá, me llamo Pilar.

-Ya lo sé. Pues eso, Pilar tuvo que ponerse a dar clases para traer dinero a casa. Es muy buena chica y lista. ¿Le he dicho que sacó las oposiciones con el número uno…?

-Mamá…



A Pilar se la notaba tensa, miraba a las paredes impersonales de la consulta, con libros de resúmenes de congresos, figuritas de barro recuerdos de reuniones científicas y alguna fotografía enmarcada de equipos de trabajo ya inexistentes, y folletos de propaganda de sustancias milagrosas.



Doña Teresa no me miraba. Su mirada se desdibujaba conforme describía aquellos años de carencias, de sufrimiento por la incomprensión de no verse querida… Tras casi veinte minutos biográficos de los que se contagiaba tras acabar una frase y enlazar otra…



-¿Usted tiene hijos?

-No. No tengo hijos.

-Rafa tampoco. Pero seguro que los tendrá. Me llamó su madre para contarme lo de su separación. La comprendí inmediatamente. Yo también estoy separada, ¿sabe?. Las mujeres siempre salimos perdiendo cuando nos separamos. No sabe usted cuánto sufrí cuando mi marido me dejó… Mis tres hijos también están separados. Pilar vive fuera. Es profesora de Instituto. Por oposición, ¿eh?. Es muy inteligente. Siempre lo fue. ¿A que es guapa?.



Pilar se sonrió y enrojeció ante la frase de su madre.



-Sí, mucho.

-Rafa come mal. Ayer noche me dijo que la comida de los hoteles no le gusta… Y es que como la comida de las madres… Cuando vuelve a su casa y regresa al colegio es cuando se siente mejor… Luego le llaman para jugar por ahí fuera y vuelta a empezar… Es muy listo. Fíjese que va a clase y juega al tenis y siempre aprueba.

-¿Duerme bien por las noches, señora?.

-Sí. Perfectamente. Leo un rato y me duermo. Porque a mí me gusta mucho leer. Tengo una biblioteca llena de libros…Lo que más me gusta son los libros de historia. Ahora estoy leyendo uno que habla de los Reyes Católicos.



Su hija me miró y negó con la cabeza.



-¿Y no preferiría vivir acompañada?

-No. Pilar no puede porque está fuera. Vive en Castellón. Susana está siempre trabajando y sería como estar sola también, y Francisco vive con una medio novia… ¿se imagina?. Es extranjera...Si sus costumbres son tan diferentes a las nuestras… Está separado también. Y tengo una nieta que es un primor, más dulce… hablamos mucho. Es de mi hijo. Como también es profesor pasa mucho tiempo conmigo. Me cuenta sus cosas, de sus amigas y todo eso…



De pronto su mirada se iluminó.



-Me preocupa que no hagan pantalones de más talla para Rafa. ¿Se ha fijado el pobre como se saca el pantalón del culo…?. Tiene que ser muy molesto. Se lo dije el otro día mientras jugaba y me contestó que no encontraba de su talla. Y es que es muy alto y claro… Ahora es que hay mucho de algunas cosas y muy poco de otras que son más necesarias, ¿a que sí?.

- Sí. Tiene que ser muy molesto…



A continuación le hice una serie de tests que justifican el protocolo existente para que alguien tenga un diagnóstico, una etiqueta que lo incluya en censos de seres rotos integrantes de estadísticas y justificar un trabajo al que ni siquiera ellos le encuentran sentido. Su hija, intuyendo el futuro que le esperaba, me miraba buscando una sorpresa agradable, algo que se tradujera en una esperanza, una orilla a donde asirse del naufragio vital que veía avecinarse. Mientras dejaba a Doña Teresa con la enfermera para que le tomara la tensión arterial, le pidiera unas pruebas sanguíneas y de neuroimagen, y le pasara otro test,  me quedé a solas con Pilar.



-¿Cuánto tiempo hace que confunde las cosas?, ¿cuánto que le falla la memoria?, ¿cuánto que fabula historias?, ¿cuánto…?



Me contó lo que ya había oído en otras ocasiones, que cada vez que la visitaba se llevaba una gran ilusión, y que le preguntaba cosas, las mismas siempre, y luego… confundía lo que le había dicho y se lo volvía a preguntar muchas veces… Y las noches… Por las noches la oía vagar por la casa en busca de… trozos de su vida, episodios que de tanto construirlos sobre la nada se habían hecho reales, hablando con seres inexistentes… hasta que Pilar se levantaba y la conducía de nuevo a su cama y hablaban de cuando eran más jóvenes… las dos, de sus momentos felices, que los tuvieron, y de cuando iban de excursión. Le decía… ¿Te acuerdas Pilar de cuando fuimos a la playa y Francisco se perdió…?, ¡qué susto nos dio. Era un bicho… Ahora ha crecido. Está muy alto, ¿verdad?. ¿Tú tienes hijos?. Sí, mamá. Tengo una hija. Se llama Lucía.

Y Pilar acurrucaba a su madre mientras sus lágrimas corrían por su interior, lastradas por el dolor de estar perdiendo parte de su historia también, aquella que se mezclaba entre olor de bolas de naftalina, col hervida y colonia Heno de Pravia, de silencios impuestos, de miradas furtivas, de sentimientos encontrados entre aquellos seres mayores que entonces no comprendía. Cuando el amor se rompió y la convivencia se hizo insoportable y los cinco se transformaron en cuatro, me contó que su madre se transformó en una zombi durante semanas, no entendiendo lo que sucedía, y se le cayó el pelo y desde entonces usaba peluca…



La enfermera volvió con Doña Teresa.



-¿A que estoy bien, doctor?

-Perfecta, doña Teresa. Le voy a recomendar ir todas las mañanas a un club a que haga ejercicios para que la memoria la tenga cada vez mejor, ¿qué le parece?.

-Bueno. Pero volveré a mi casa…

-Pues claro. ¿Qué diría Rafa si le llama y no la encuentra…?.



Ella me miró achicando sus aún vivísimos ojos como perlas y por un momento me confundió saber si… o si…

 
 
 
(In memoriam a ... Dña. Teresa)

4 comentarios:

  1. Uff... se me ha erizado la piel, no por la historia, que has contado maravillosamente bien, sino por la realidad, la de Pilar.

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  2. Como siempre suele ser, Pilar fue esa cuidadora que devolvió parte de su vida a su madre cuidándola en días de permiso sin retribuir, fines de semana y puentes de todas las horas del mundo. Afortunadamente se sintió satisfecha de haber hecho lo que hizo, de haberle dado tanto amor; comprendió siempre que la culpa no sirve para nada, que es una carga que nunca hay que coger, que hay que abandonar cuanto antes si aparece en nuestras vidas, porque, en realidad... la culpa siempre es una equivocación.

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  3. Gracias por este relato tan lleno de ternura. La misma con la que, seguro trataste, ayudaste y animaste a la madre y la hija.

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  4. Lo intenté, al menos. Sabiendo que cada situación es particular y única, que cada paciente también lo es, que cada familiar también lo es. Hay siempre dolor. Yo intento "entender" a cada uno. A veces creo que lo consigo...

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