domingo, 13 de mayo de 2012

ASIMILAR LOS TIEMPOS.



¿Puede hablarse de fenómeno discriminatorio en la atención al paciente demente?.
Cualquier generalización sugiere injusticia. Mientras unos piensan que existe una discriminación positiva debido a que la mayoría de los pacientes son mayores y no deben pagar sus fármacos (elemento que ya ha pasado a la historia, ocasionado por esta maldita crisis en la que nos hemos visto todos envueltos provocada por delincuentes de cuello blanco y que han mermado para siempre el tan admirado estado del bienestar), y que ocupan en muchas ocasiones camas de corta estancia y de largo coste, otros en cambio, se quejan de que tal discriminación es negativa por la escasa realización de pruebas diagnósticas que justifiquen tal diagnóstico, no se use en todas las comunidades autonómicas la misma vara de medir el uso terapéutico de los fármacos o no se apoyen socialmente con ayudas lo suficiente, ya sea con atención domiciliaria, ingresos residenciales, apoyo al cuidador, etc. Y los hay también que se quejan de que se investiga con ellos sin extremar los principios bioéticos generales en la investigación clínica: Deber de no hacer daño, deber de promover lo realmente beneficioso y ventajoso para el paciente o lo que es lo mismo, sólo a los proyectos de investigación que produzcan beneficios terapéuticos.

Corren malos tiempos para esa justicia que conocíamos todos, en la que se trataba al débil, al frágil, sin mirar su documento del IRPF, que aunque a los gobiernos, los que fueran y de lo que fueran, les era menos oneroso para sus arcas subvencionar a asociaciones, ONGs u otras instituciones semejantes, que hacerse cargo directamente del paciente, se entendía que debía hacerse así porque llegaba para todos... No se vio o no se quiso ver... Lo voluntario debe ser siempre éso: voluntario, no dependiente de una subvención sino de la voluntad del ser humano. Los deberes, como tales, eran necesidad de quien justifica nuestros impuestos.
Los términos de palabras que parecían ser inmutables se justifican con otros significados porque la pobreza se ha instaurado donde siempre, en quien más lo necesita. No obstante, somos todos los que debemos reflexionar y analizar si esas discriminaciones frente al paciente demente son o no son. La posibilidad de que alguien, usted o yo, estemos equivocados existe. Hoy, más que nunca, debemos instaurarnos en el espacio de la realidad, en donde las existencias son mínimas y en donde todos debemos hacer algo por todos, unos perfilando mucho a nuestros pacientes, justificando nuestras terapias, apartando las que no son estrictamente necesarias, otros aprendiendo cómo apoyar al paciente en el domicilio, los más asimilando que esta enfermedad posiblemente sea la más democrática que existe en el mundo: nos puede pasar a todos.

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