lunes, 23 de abril de 2012

SOLUCIONES NO CONOCIDAS... AÚN.

Retrasar el diagnóstico en el enfermo de Alzheimer hasta que presente demencia mejora la exactitud de dicho diagnóstico pero evita la independencia del mismo y, sobre todo, anula casi hasta sus límites la eficacia de cualquier terapia, evidentemente conservadora hasta la fecha. Es por lo tanto oportuno analizar el por qué no se consulta antes al médico (aunque siendo estrictos, cada vez se consulta entas, o mejor dicho: menos tarde...).
Posiblemente la presencia de alteración en la memoria episódica no se concluya tan significativa como lo es en realidad (como ya se aventuran a decir algún grupo de investigadores (cierto poco numeroso), o que el cambio gradual y progresivo de la función mnésica de al menos 6 meses se vea enmascarada por otras causas (depresión, distraibilidad crónica, enfermedades concomitantes, etc...) no esté totalmente justificado a sufrir una EA  que sea enlentecida.
En tal situación, una prueba de Resonancia Magnética en la que se aprecie la atrofia del lóbulo temporal medial, la pérdida de volumen del hipocampo, córtex entorrinal y amígdala; un estudio del líquido cefalorraquídeo (LCR) en donde se evidencia de proteina TAU aumentada, concentraciones bajas de beta amiloide o concentraciones incrementadas de fosfo-tau, o una combinación de todas ellas; o una disminución, mediante PET,  del metabolsimo en áreas temporoparietales bilaterales; o una mutación autosómica dominante (1, 14, 21) de un familiar de primer grado afectado, pueden ser ingredientes más que significativos para que el diagnóstico llegue a acelerarse. Pero...¿qué inconvenientes aparecen por el camino para que ésto no se lleve a cabo...?. 
Probablemente el económico sea el más decisivo, y más en los momentos actuales. Las pruebas son caras porque necesitan ser hechas por especialistas en cada eslabón de la escala diagnóstica, con unos criterios de controles de calidad que justificarán que el resultado final sea el que se dice que es. Sin embargo, tengo la esperanza de que este gasto pueda aminorarse en un futuro mediante el uso de tenología más avanzada y tal vez hoy desconocida por la mayoría. Los tiempos de crisis exprimen más y mejor las neuronas de quienes investigan. Los mejores y más duraderos inventos del pasado siglo vinieron tras una hecatombe. ¿Por qué no ahora...?

viernes, 20 de abril de 2012

APRENDER CADA DÍA.

Uno de los tópicos, que afortunadamente son cada vez menos frecuentes, es el símil de que una persona muy mayor con alteraciones cognitivas, no es que posea una demencia, sino que es... muy mayor y que lo lógico es que se haya demenciado. Pensar que envejecimiento conlleva irremediablemente a demencia es desconocer que, aunque ser muy añoso es una de las causas más frecuentes de sufrir tal diagnóstico, éste no tiene por qué ser cierto totalmente (o sea de cada cien casos... cien), al menos a mí no me gustaría que me trataran así. En muchas ocasiones, es cierto, valorar mentalmente a una persona añosa es muy complicado porque la pluripatología, la plurifarmacología que portan (efectos secundarios, interacciones, etc.) , y los tests existentes (no actualizados) no facilitan decantarse hacia uno u otro lado en una primera entrevista.
Similar circunstancia ocurre con la Atrofia Cortical Posterior, síndrome que conducirá lentamente hacia la demencia y que se caracteriza por una agnosia visual aperceptiva (alteración en el reconocimiento de los objetos), alteraciones visoespaciales y de lectura. Es por ello que no interpretan adecuadamente la tridimensionalidad, ven borroso, etc. Acudir en el sexenio de la vida al oftalmólogo por este tipo de alteraciones puede ocultar un trastorno cognitivo por el que no piensa frecuentemente el facultativo. Si a ello se le añade que seguir viendo mal y sentir que es posible estar perdiendo la visión puede conllevar también tristeza en el individuo, no es de extrañar que hasta llegar al demenciólogo haya pasado antes por varios especialistas y, desgraciadamente, varios años. 
Aunque los tiempos no "pintan" demasiado bien para nada que tenga que ver con la salud y la enfermedad, no por ello me eximo de creer que seguiremos siendo igual de estrictos a la hora de tratar esta enfermedad, de diagnosticarla, de apoyar a quien la cuida, a las asociaciones de familiares de enfermos, etc. Y sobre todo a aprender cada día de los errores que cometemos para no volver a repetirlos. Así sea.




domingo, 8 de abril de 2012

ESTRÉS y ALZHEIMER.

Se puede leer en el Journal of Alzheimer Desease, un estudio efectuado por  científicos del CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada) de la Universidad de Navarra, sobre que el estrés crónico favorece el Alzheimer esporádico. Lo han experimentado con ratones jóvenes con Alzheimer inducido, que todavía no presentaban los rasgos característicos de la enfermedad. Tras someterles a un protocolo de estrés crónico durante seis semanas, se observó que los animales presentaban una pérdida de memoria  grave y un aumento significativo de los dos principales marcadores de la EA: el péptido beta amiloide y la proteina tau fosforilada, dos proteínas que se acumulan en el cerebro de los pacientes con esta enfermedad. Por lo tanto, con este estudio, confirman en el modelo animal, lo que de ordinario tantos clínicos de la enfermedad veníamos sospechando desde hace años, que el estrés crónico genera deterioro cognitivo.
Por otro lado, deberíamos aconsejar todos, apartar el estrés de nuestras vidas y enseñar, por otra parte, a cómo enfrentarnos a él, enseñando técnicas de relajación y a otras que apartarán patologías como depresión de nuestras vidas, derivadas de un mal equilibrio mental. Qunce minutos al día de meditación, de yoga o simplemente de relajación, tonifican intensamente el órgano más preciado de nuestro cuerpo: la mente.