jueves, 14 de julio de 2011

REFLEXIONES ACERCA DEL DIAGNÓSTICO.


Son muchas las ocasiones en las que se nos plantea la duda de si el paciente que tenemos frente a nosotros para evaluación de su presumible trastorno neurodegenerativo precisa o no más pruebas complementarias, o simplemente pruebas complementarias (sin el más). En la mayoría de las ocasiones, un entrevista con él y con sus familiares nos proporciona la suficiente información para pasarle una u otra batería de tests psicométricos o de otra clase que valore su estado afectivo, cognitivo o funcional. No obstante, ¿constreñir toda una vida, una personalidad, una evolución de su vida a un futuro incierto no merece la pena ser más evaluada?, ¿basta saber que en ese momento de su vida no responde adecuadamente a una serie de preguntas a las que cualquiera respondería adecuadamente para sellarlo con esa etiqueta que le calificará hasta su último instante...?.
Nos lo preguntamos y la mayoría de las ocasiones insistimos en continuar la evaluación otro día, con otros instrumentos, pidiendo pruebas de neuroimagen o solicitando que vengan otros familiares a hablar con nosotros. Es demasiado serio el momento del diagnóstico hasta que tengamos medios biológicos suficientemente serios para confirmar el diagnóstico.
En la mayoría de las ocasiones esta situación se ve en personas en edad geriátrica, una etapa de nuestar vida que también es complicada de saber llevar... Saber que pronto se dejará de existir produce un cambio personal al que solo estando en esa situación se puede llegar a comprender.

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