sábado, 23 de abril de 2011

TODOS SOMOS DEMENTES EN POTENCIA.

En muchas ocasiones se nos pregunta cuando el paciente comienza a tener problemas de conducta frecuentes si sería mejor  ingresarle en un centro residencial.
Mi contestación suele ser que depende de cada circunstancia. Me explico. No es lo mismo un hogar de doscientos metros cuadrados que uno de sesenta, ni uno con jardín que otro en un cuarto piso sin ascensor e interior, ni si vive con otra persona que si vive solo o si pueden contratar a alguien para que les apoye que otros que no pueden hacerlo... Yo no soy quien para tomar tal decisión. Debe ser efectuada por quienes han vivido con el paciente. Pensar incluso qué quería o hubiera querido él (por éso es oportuno ir pensando, todos, en el documento de voluntades anticipadas o en un documento privado que hable de qué desearía si en un futuro no tuviera capacidad de decidir por sí mismo).
En ocasiones es bueno para el Cuidador Principal tomar un descanso y poder ingresar un período de tiempo al paciente para así descansar física y anímicamente. Siempre valorando si no va a ser peor para el paciente el regreso al domicilio o si se va a desorientar demasiado para su regreso.
Hay familias que no pueden o no saben cuidar al paciente en el domicilio, o que optan por un Centro en el que saben ciertamente que su familiar va a estar muy bien cuidado por profesionales que saben hacer su trabajo. Cuando toman esa decisión debe ser sin proceso autoculpatorio. No deben pensar que se desprenden de él sino que lo hacen porque no pueden o no saben hacerlo todo lo bien que desearían. Allí debe intervenir el equipo del Centro de una manera muy directa mediante su comprensión y facilidades para que se sienta totalmente tranquilo de conciencia, como también es muy importante asesorarse en una Asociación de Familiares de Enfermos. Ellos han pasado antes por esa circunstancia y sabrán comprenderles. 
Cuando se toma la decisión de que viva en su domicilio ha de ser también totalmente apoyada la familia por los integrantes del equipo de salud, ya sea desde el Centro de Salud como por parte del médico de referencia. Estar dispuestos a solucionar sus dudas y preguntas cuando sean necesarias.
En mi vida profesional he conocido y conozco familias extraordinarias que, unas veces porque tienen recursos para poder hacerlo y se apoyan, además, en profesionales externos para solucionar sus problemas más acuciantes, y otras porque no los tienen en absoluto (estamos en época de carencias económicas en nuestros recursos sanitarios porque nos los han estafado a todos, aquí y en todo Occidente sin que hayan sabido hacer nada aquellos en los que confiamos. Si antes era difícil ingresar a un paciente de estas características en un centro público, ahora lo es muchísimo más) y se ven abocados a solucionar por sí solos sus días y sus noches. Cualquiera de ellos me merecen el mayor de mis respetos. En cambio he conocido pocos casos en los que la familia no respondiera con el enfermo como era de esperar. He visto muchos Síndromes del Cuidador, lamentablemente, por amor. En 1981 presentamos un estudio acerca de este síndrome en un congreso mundial. Nuestros resultados hablaban de casi un 98% de cuidadores sindromizados en su domicilio. Hoy, cuando me preguntan qué porcentaje podría existir les hablo de otro estudio, más breve, que hicimos hace tres años y que se ceñía al 40%. Todavía es mucho y es una señal de alarma para todos los que trabajamos en este medio para seguir apoyando al Cuidador Principal y, obviamente, al paciente demente. Hacerlo con él será hacerlo en, probablemente, nosotros mismos en un futuro porque... todos somos dementes en potencia.

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