viernes, 22 de abril de 2011

LA DEMENCIA: la investigación que no cesa.

Leo que investigadores de la Universidad de Tel Aviv trabajan en una vacuna contra el ictus y la DTA administrada vía nasal. Su publicación en Neurobiology of Aging prosigue abriendo una nueva posibilidad, no solamente a estas dos enfermedades sino al concepto mismo de por donde va la terapia de las enfermedades en su conjunto. El binomio acción-reaccción está quedándose anticuado. Me contaba el director en España de un gran laboratorio multinacional líder en investigación, que por qué quedarnos en que cada año debamos tomar antibióticos por una amigdalitis supurada o cualquier otra enfermedad fácil de sufrir y que precise antibióticos para su curación frente a una bacteria concreta... Se inmuniza frente a esa bacteria y ya jamás se tendrá que volver a tomar antibiótico para la infección que genera... Si conocemos cada vez más el genoma, el DNI de los pacientes, ¿por qué no actuamos desde el principio?. Y sí, parece lo lógico, aunque me temo que ésto va para largo.
Continuemos con la información del principio. Los investigadores han modificado una vacuna activando un mecanismo natural del organismo que lucha contra el daño vascular del cerebro. En concreto, activa a los macrófagos, unas proteinas que "devoran" los antígenos externos. Cuando la vacuna activa un gran número de estos macrófagos, se elimina el daño que provocaron las proteínas amiloides en el sistema vascular del cerebro. Los experimentos efectuados en animales han sido muy satisfactorios hasta el momento. Dan Frankel, del Dpttº de Neurobiología de la Facultad George S. Wise de Ciencas de la Vida en la Universidad de Tel Aviv añade que "usando una parte de un fármaco usado para la gripe se ha conseguido inducir una respuesta inmune contra las proteinas amiloides en los vasos sanguíneos.
Lo interesante del estudio es la posibilidad de prevenir el daño cerebral y restablecer el daño cognitivo.
La reflexión ahora es: en el caso de que esta vacuna fuera útil, ¿a quien vacunar?. Evidentemente ésta o cualquiera otra podría ser de utilidad a aquellas personas con una proclividad más que evidente a padecerla. Pero mi pregunta va más allá porque en el caso de la DTA el problema fundamental es que pueden ser muchas las causas que la provoquen. Entonces, ¿hemos de asumir que valdría para todos los que estuvieran envejeciendo?. ¿Y en el caso de que no esté excesivamente claro su origen?, porque hay autores que están en desacuerdo a la patogenia de la enfermedad vista uniformemente por otros muchos investigadores... El envejecimiento, sí se sabe que es un item a tener muy en cuenta pero también otros muy curiosos como es el tamaño cerebral. Brad Dickerson, de la Facultad de Medicina de Boston acaba de publicar en Neurology que las personas con menor tamaño cerebral en las áreas destinadas al almacenaje de memoria y otros síntomas que califican la DTA son más proclives a desarrollar la enfermedad. Ya hablé de ello hace unos días en este blog y parece que las pruebas con resonancia magnética son cada vez más útiles. El estudio fue llevado a cabo en 33 personas seguidas a lo largo de once años. El 55% de los que sufrieron DTA tenían estas áreas más reducidas en tamaño, el 20% tenían medidas normales.

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