viernes, 21 de enero de 2011

USO INTELIGENTE DE LA MENTE Y PROTECCIÓN FRENTE A LA DEMENCIA.


Según se publica en el último número de la revista Brain, investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, las personas con un mayor grado de estudios serán capaces de hacer frente a los efectos de la demencia e, incluso, haber hecho un año extra de universidad pueden ser clave para reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad cerebral.
Estos datos se conocían o se intuían, mejor dicho, ya hace tiempo. Lo veíamos muy claramente aquellos que nos dedicamos a tratar demencias, sin embargo, datos revelados de autopsias efectuadas a 872 personas han mostrado que los cambios en el cerebro son similares con inependencia de la formación, si bien "cuando la enfermedad afecta a personas con más estudios queda mitigada por su mayor capacidad para hacerle frente", según explica Hanna Keage, una de las autoras del estudio. "No es que la educación determine el daño cerebral, sino que las personas con más estudios pueden hacer frente a los daños mejor que el resto", aclara. Éste es un dato muy interesante para aportar cuando nos "empeñamos" en recomendar que se ejercite, se use más y mejor, nuestra mente.
Por cada año adicional de enseñanza hubo una reducción del 11% del riesgo de desarrollar la demencia.
Estos datos sugieren que puede tener una importancia manifiesta ante el aumento del envejecimeinto poblacional y ser útil en la implicación social que generaría que si se retrasara dos años la aparición en los pacientes de más de 50 años, habría casi dos millones menos de casos en los próximos cuarenta años, implicando obviamente de una forma drástica sobre los costes económicos de la enfermedad, que también debemos tenerlo en cuenta.
Siendo muy pragmáticos en la esencia etiológica de la enfermedad, que no olvidemos no obstante, es pluricausal, el mayor grado de empleo inteligente de la mente por un grado más de estudios provocaría un retraso en la aparición del deterioro cognitivo en los casos en los que su aparición es directamente proporcional al menor uso de la misma. Sabemos, que la función crea órgano y que lo que no se utiliza se atrofia, se esclerosa, luego parece lógico recomendar a todas las personas que nuestro órgano principal en la independencia, el cerebro, se use el mayor tiempo posible. Lo digo por las recomendaciones continuas que hacemos a todas las personas que entran en la edad pregeriátrica sobre lo positivo que resulta usar la mente en materias que provoquen satisfacción por un lado, y su pragmática utilización mientras estemos vivos por otro. Incorporar nuevos conocimientos de la profesión a la que se ha dedicado la vida laboral o compensarlos con actividades culturales, por ejemplo, son medidas que los científicos nos demuestran que son realmente útiles. Por lo tanto, hágamosles caso. Es una medida...inteligente.

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