viernes, 28 de enero de 2011

¿A QUÉ HACER CASO...?


Siempre es necesario ser precabido con las noticias que van orientadas hacia el espacio en el que se sumerge la demencia. Grandes esperanzas no autorizan a aceptar válida cualquier información que hable de ellas en positivo. Y éso lo saben muy bien los científicos que trabajan en este campo, ya sea en su vertiente diagnóstica como en la pura farmacológicoterapéutica. Imagino el desgaste emocional que debe sentirse cuando tras muchos años de investigación debe tirarse al cubo de la basura el producto de los mismos porque los resultados no son los que se esperaban. Pero quiero referirme también a un aspecto al que en ocasiones los clínicos no nos pronunciamos con la profundidad que debiéramos, y a la que cuanto más años cumplimos más pensamos en ello. Hablo de esas informaciones optimistas acerca de un producto y que lo es, en efecto, pero por otro lado, puede ser causante de otro posible efecto negativo. Y viene todo a causa de dos informaciones, no contrapuestas, pero sí ligeramente alarmantes para tomar una determinación concreta cuando el médico debe recomendar el uso de un fármaco. Me explico. Leo que en la revista Current Biology ( Rokem A, Silver MA) se ha observado que adultos sanos que tomaron un producto recomendado para pacientes en primeras fases de la DTA (Demencia tipo Alzheimer), donepezilo, presentaban un mayor beneficio en la realización de una tarea que implicaba discriminar direcciones de movimiento. Cada sujeto efectuó dos cursos de 5 días de entrenamiento en esta tarea. Tras ingerir 5 mg. de donepezilo, antes de cada sesión de entrenamiento, mejoraron el doble que otro grupo al que no le habían proporcionado el producto e hicieron los cursos de igual forma y manera.
Por otro lado, en la revista Archives of General Pschiatry (Reynolds III CF, Butters MA, Lopez O, Pollock BG, Dew MA, Mulsant BH et als), han descubierto y así lo publican, que el donepezilo, unido a un tratamiento antidepresivo (¿qué tipo?, ¿cuáles se usaron en el estudio y seguimiento?) en pacientes con Déficit Cognitivo Leve (DCL) puede retrasar el advenimiento de la demencia en dos años aproximadamente, aunque de forma débil porque las alteraciones cognitivas prosiguen y, sobre todo, se asocia a un incremento de recurrencia de la depresión mayor.
Con todo ésto, quiero hacer llegar las dudas que nos agobian en ocasiones a la hora de instaurar un tratamiento u otro, en función de qué diagnóstico concreto es el que estamos tratando, en qué momento se encuentra, cómo fue antes de comenzar con su enfermedad actual, a qué daba importancia y a qué no, si tenía tendencia a la tristeza o al ensimismamiento, se llevaba bien con su familia más cercana o con sus compañeros de trabajo, etc. Y sobre todo, que la exploración nos conduce también a nosotros mismos, hacia qué pacientes son los más susceptibles a mejorar refiriéndonos a nuestra propia experiencia...
O lo que es lo mismo, que la experiencia nos merma esa esperanza ciega que nunca debiéramos perder pero que sí nos mantiene suspicaces a optar por uno u otro tratamiento en un paciente concreto. Lo del producto en cuestión ha sido pura casualidad, en mi caso. Los artículos cayeron en mis manos el mismo día en una misma página de información sobre demencias que nos manda una sociedad científica. Pero, ¡ojo!, mañana puede ser otro fármaco distinto, al que estén investigando con mayor profusión.

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